Quizás quien lea esta crónica pudiera pensar que todo fue un sueño, o un cuento que alguien se inventó para hacer el día a día en esta ciudad de locos, como es Caracas, más vivible. Lo cierto del caso es que con el rumor que en nuestro país se encontraba uno de los actores latinos más importantes de la utopía “hollywoodense” Benicio del Toro, a propósito de presentar su más reciente película en Venezuela (El Che Guerrilla) surgió el gusanillo de la duda: “¿y si lo invitamos a la Escuela vendrá?”.

Risas estridentes era lo pertinente en este caso, pues quién carrizo podría imaginar que un ser humano, intérprete de películas como: Traffic o 21 gramos, por sólo nombrar dos, y además ganador de un Premio Oscar, podría siquiera considerar tal petición. No es llamar por teléfono a la vecina y pedirle el favor que “baja un momentico que hice una torta de pan fabulosa” o pegarle un grito al pana de la casa de al lado “Pana vente y te tomas una fría aquí en la casa”, no. Era pedirle a una estrella del firmamento cinematográfico mundial, que se dignase a subir por un ascensor que no llega al piso indicado sino que se para en el inmediato superior y hay que bajar un piso para poder llegar a la Escuela de Cine y TV de Caracas.

Sin embargo la llamada ocurrió, fuimos avisados por lo menos el día anterior todos los docentes:

- “Mañana necesitamos que estén a mediodía en la Escuela”
- ¿Y eso?-  Preguntaba uno-
- “No, es que es posible que venga Benicio del Toro a dar una charla”

Y el título Charla con Benicio del Toro, sonaba como a un grupo de autoayuda que se reunía con su terapeuta o a una reunión del comité principal de la famosa marca de ollas Renawere. Era inevitable ahogar la risa y no pensar en el parlamento del personaje Elvira, de la famosa obra teatral que llevó a la fama al maestro José Ignacio Cabrujas (El día que me quieras), en la que una familia de La Pastora, recibe en su casa, al mismísimo Carlos Gardel, por allá en 1935, sólo porque uno de los miembros de esa familia, Los Ancízar, trabajaba como taquillero en el Teatro Principal, recinto donde se presentaba el famoso actor y cantante de tangos más importante de todos los tiempos. Elvira vino a nuestra memoria con su frase:

“Elvira- (…) Para qué va a venir, qué necesidad tiene de venir. Y está aquí. Uno quiere ver la historia y siempre termina por oírla”

Pero la historia se hizo realidad, aunque en nuestras cabezas siguiera sonando la famosa presentación del programa de hazañas de los records Guinnes: “Aunque usted no lo crea…” de Ripley.

La hora pautada no era la correcta, allí comenzaron los comentarios de los más incrédulos:

-¿Ven? Yo se los dije… ¡Qué va a hacer ese señor aquí!
- ¡Si está en una reunión con Chávez ese saldrá de ahí mañana!

Pues no, la joven encargada de la estancia del actor en nuestro país hizo su entrada con antelación para revisar las instalaciones, la seguridad, el recorrido y dar las pautas del comportamiento y las buenas costumbres que se deberían mantener para la ocasión: No aglomerarse en el pasillo, nada de fotos con flash, nada de autógrafos ni fans histéricas.

La noticia fue transmitida por el canal del Estado, en vivo y directo: “El actor Benicio del Toro, de visita a nuestro país, sale del Palacio de Miraflores donde acaba de sostener una reunión con el Presidente de la República” Acto seguido abordó una camioneta de color verde y cual súper héroe burló junto a los escoltas todo impedimento y señalización de vías para paralizar el tráfico frente al edificio de la Cámara de Comercio de Caracas, edificio que acoge a la Escuela de Cine y TV. Era verdad estaba ahí, abajo, descendió como el avispón verde de su vehículo y las inevitables fans lanzaban desde la ventana gritos desesperados de la emoción, normal en estos casos.

Un silencio expectante tomó el recinto atiborrado de alumnos y en la primera fila de sillas los profesores de la Escuela esperando la entrada de aquella ilusión convertida en realidad y así lo hizo entre vítores y aplausos se sentó en el salón más grande de la Escuela, en las mismas sillas donde se sientan los profesores. Pero no sólo era él en carne y hueso, además contamos con la presencia de su compañero actor en la película en cuestión y que personificó al líder cubano: Fidel Castro,  Demián Bichir, conocido en nuestro país por las telenovelas que ha realizado en su natal México.

 

Lo que parecía un imposible, sucedió hora y media de comentarios, anécdotas, preguntas inocentes e importantes, gritos de amor y caras de estupefacción colmaron el sitio, las risas nerviosas, sonidos de cámaras, y ojos escrutadores “escaneaban” a la estrella para lograr inmortalizar aquel momento que llegaba a parecerse al cuento La Cenicienta o Pinocho cuando el hada Madrina concede los deseos a los personajes.

Sin poses, ni divismo, sin distancias, Benicio se mostró como el ser humano que es tocado con la dicha o la suerte de haber logrado entrar en el mundo de la industria cinematográfica más importante del mundo por la simple casualidad de una audición.

Sus palabras, demuestran la sapiencia del oficio, pero con la sencillez del hermano latino, puertorriqueño, que es y del son de sus raíces que no puede negar, en comunión con las nuestras. Sin protocolo dio consejos y explicó su pensar acerca de la realización cinematográfica: “lo más importante es tener un buen guión” repetía constantemente, para hacer entender a ese puñado de jóvenes la necesidad de hacer cosas, de no frustrar sueños y no desfallecer cuando se persigue una meta, más en el mundo del cine que supone tantas trabas y complicaciones para llevarse a cabo.

Hora y media que pasó como un flash, pero que mientras transcurría se sintió que el tiempo por un instante se detuvo. Con la misma energía y luego de algunas fotos improvisadas, agradeció el momento señalando la necesidad de no dejar nunca de soñar y detrabajarmucho para conseguir lo que se quiere, y así desapareció, por el mismo pasillo, tomando el mismo ascensor en el piso superior (porque no abre en el indicado) abordó la camioneta y quedó paralizado en las cámaras de video y fotografías para hacernos confirmar que sí fue verdad, que estuvo ahí, frente a nosotros, que no fue una ilusión ni un juego de cámara indiscreta. Benicio vino y dijo, compartió, rió y reflexionó acerca de  eso que llamamos el séptimo arte, después dejó el comentario de pasillo, el corazón galopante, el temblor de los nervios y la adrenalina a millón:

- ¡Le viste el cabello!
- El tipo sabe lo que dice...
- ¡Qué agradable es!...
- ¡Parece mentira!

 

Fue así, a fin de cuentas, fue verdad. Y después quedaba en el recuerdo ese personaje que citamos, cuando llega el momento de despedir a Carlos Gardel y que dice:

“Matilde- ¿Tía Elvira qué hacemos con las botellas?”
“Elvira- Hay que lavarlas y ponerlas a la vista, para que la gente pregunte y uno responda”

Así fue, el día que Benicio nos visitó…

Luis Alberto Rosas
Caracas, 16-03-09